un día, dos días, tres días, muchos hasta llegar a reuniones incomensurables, a temporalizaciones que no basten para contabilizar la secuencia en que las cosas y sus atributos siempre imprevisibles nos desborden los bolsillos.

miércoles, noviembre 15, 2006

cebollas

y qué si nos pelamos con la cebollas. que un ácido. que los ojos enmudecidos. las recetas memorizadas. ya no vienen.

y qué si las bicis no andan. que las calles se agrieten con las penas. que los hambres se curen con el pan. que las noches duran. que no puedo anochecer en los hospitales. no por miedo. no porque las bicis no pedaleen. sino porque hay cosas que se muerden precipitan sobre vasos mezclan con agua. mar. río. botella de cocacola.

ya no creo en las contastaciones. ni de verdades. ni huecos. estos carteles de sucursales. el mostrador sin hombre. las hojas contra el suelo. no hay nada en la vidriera sólo los vidrios eternos. los niños cansados de crecer a eso de no saberse. ya ni nada ni ausencia. yo final sin quedarme oscuro. sin quedarme. ni llanto. ni hipótesis. no poder decirlo. y no hay caída.

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