un día, dos días, tres días, muchos hasta llegar a reuniones incomensurables, a temporalizaciones que no basten para contabilizar la secuencia en que las cosas y sus atributos siempre imprevisibles nos desborden los bolsillos.

lunes, noviembre 20, 2006

helados

no ser del antes ni del después. ni levantar las caídas. ni los cabellos blancos de una nieve que no llega. ni antes. ni después. ni siendo un reloj que atrasa.

sólo ser un napoleón de figurita repetida. un napoleón pidiendo disparos. y los disparos que llegan. y no saber porqué las caídas. ni los helados. ni siquiera emperador ni siquiera uno con crema. uno que espera detrás de una puerta. con todos los sabores. y no ser quien abre la puerta. quién espera. quién lee los astros de noche sabiendo que el cielo es poesía. yo no. yo sólo canto canciones viejas y miro mis pies cuando vomito.

y apenas saber el sabor de las ausencias y que los helados se mueren por las lamidas.

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